Detrás de cada logro, hay otro desafío y en medio, quedan los sueños.

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miércoles, 26 de enero de 2011

Odio las despedidas.

Miré el reloj, sólo nos quedaban unos treinta minutos no más, me entristecí de repente y quise estar en un lugar donde solo él y yo no tuviesemos un límite de tiempo, pero levanté la cabeza bien alta y me dije:
- Tengo dos opciones, y creo que me voy a quedar con aprovechar el tiempo contigo hasta el último segundo.
Fue entonces cuando te acaricié esa piel tan suave que me encanta tocar, me sonreiste y yo te devolví la sonrisa, me cogiste la mano mirándome fijamente a los ojos y me sacaste a bailar, se me olvidó que era nuestro último baile y aún así lo disfruté tanto. Tú me agarrabas de la cintura mientras yo hundía mi cabeza entre tu hombro y tu cuello. Fue genial, sonaba una canción de discoteca pero tú y yo llevábamos nuestro propio ritmo y marcábamos nuestros propios pasos. Ya no me importaba quién nos mirase o quién podría enterarse, sólo me importaba que yo iba a ser la chica más feliz del mundo en esos últimos 20 minutos.
Pasaron tres, cuatro, cinco canciones, perdí la noción del tiempo, hasta que tus amigos volvieron para decirte que os marchábais, aunque yo ya sabía que ese momento tenía que suceder, no me lo esperaba, me sentía tan agusto junto a ti que no quería dejarte escapar. Entonces fue cuando fuiste a recoger tu chaqueta y me miraste con esa sonrisa de lado que siempre me ponías, yo abatida me quedé mirando la pared era como si estuviese hipnotizada, como si me hubiese quedado atrapada en el tiempo que no quería que se fuera... Me tocaste la barbilla, y con ese francés tan bonito me dijiste:
- Eh, je t'aime, d'accord?
Te miré aturdida y respondí:
- Yo también, no quiero que te vayas
Entonces salimos a la puerta cogidos de la mano, me despedí de Marie, Clémentine, Charlotte, Alix, Audrey, Amin y de François.
Me volviste a regalar una sonrisa ladeada, de repente te abrazé, muy muy fuerte, no quería dejarte ir, yo no podía creermelo, tú te ibas y me dejabas en este gran país, sin tu cariño, sin tus miradas y sin tus besos.
Me quitaste la cara de tu pecho y cogiéndome de la barbilla me diste el último beso, me supo tan dulce que cerré los ojos como una tonta durante cinco segundos, cuando los abrí te oí decirme al oído en español, a tu manera:
- Te echaré de menos
Y yo tan tonta y sin poder decir nada te volví a abrazar, tú me agarraste de la cintura me volviste a decir que me querías y te diste la vuelta, entonces yo vi como ese pelo que tanto me gustó desde el principio se peinaba, y se iba, se iba para siempre o para al menos un año y medio, se iba a 2.204 km. de mí, se iba dónde le correspondía, se iba con mi corazón, se iba y me dejaba aquí con una lágrima corriendo por mi mejilla.

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